Recordando la canasta básica | Revista Merca2.0

En 1901 el inglés Seebohm Rowntree publicó el estudio Poverty, a study of town life, en el cual analizaba los niveles de pobreza de su ciudad natal York, clasificando en pobreza primaria y secundaria a las familias que respectivamente no tenían recursos suficientes para sus necesidades básicas, y las que contaban con ese capital, pero gastaban una parte en otras cosas.

El estudio demostraba lo ineficaz del sistema capitalista para equilibrar ingresos y costos debido a circunstancias no contempladas por el sistema como enfermedad, desempleo, vejez, etc. En ese y cuatro estudios posteriores, Rowntree estableció también lo que en nuestra época devendría conceptualmente como Canasta básica: un conjunto de bienes y servicios indispensables y necesarios para que una familia satisfaga sus necesidades básicas de consumo, así definida por el gobierno a través de la PROFECO.

Hoy en día la conforman: Aceite y grasas; artículos de aseo y cuidado personal; artículos de limpieza y accesorios domésticos; azúcar, café y bebidas; carnes de pollo, cerdo y res; frutas y verduras; lácteos y huevo; pan, tortillas y cereales; pescados y mariscos; y salchichonería. Esta información es pública y constante, pueden revisarla en la página de la Secretaría de Desarrollo Económico, y comparar precios e inflación, además leer la maravilla de manual informativo sobre la misma (por cierto, un ejemplo hermoso cómo NO redactar un documento oficial y qué No hacer en diseño, constancia, formato, redacción, etc.).

Todo aquel individuo o familia que no pueda satisfacer sus necesidades básicas, es un pobre. Y México sí, tiene una gran población viviendo en la pobreza. También basados en información oficial del Coneval (e igualmente disponible en línea si quieren descargarla), más o menos la mitad del país vive en pobreza. Sin embargo, el ahora ya pasado 2011, las Naciones Unidas mostraron una vez más su poca falta de visión realista, al proclamar el acceso al Internet un derecho humano básico.

El reporte en cuestión abarca un análisis sobre la situación y retos que le permitan al individuo buscar, recibir o difundir información e ideas a través del internet. Sin duda es importante y debería incluso tener mayor difusión y discusión, sobre todo en países como China donde Facebook, Twitter y Youtube no existen, cuentan con sus propias y exclusivas redes (a menos que hablen chino), o Estados Unidos y Suecia quienes han retenido de su libertad a Julian Assange por más de un año sin cargo legal alguno. Pero ello no sucederá, y seamos honestos, existen mayores problemas, la población de China carece de derechos mucho más básicos que Youtube.

Volviendo a México y su situación actual, nuestra población necesita de libertades y derechos mucho más básicos que el acceso a Internet, qué tal agua o luz. O mucho peor, la canasta básica. En un país en el cual la mitad de su población vive en determinada pobreza y/o rezago social no podemos detenernos a pedir humanamente el derecho a Internet. Debemos atacar la falta de educación básica, erradicar el analfabetismo y desnutrición, proveer vías de comunicación y brindar seguridad y equidad. Porque en mi opinión, las redes sociales y el acceso a Internet para quienes ya lo tenemos, no puede por ahora combatir y propiciar estas carencias. Al menos no al ritmo y grado necesario en una situación desesperada y desahuciada como la de México.

La batalla en redes sociales y medios digitales no puede cesar por supuesto, al contrario, debe ser hoy más que nunca apasionada y quienes gozamos de ello valorarlo y entender la responsabilidad. Pero tampoco podemos darnos el lujo de la inocencia ni la superficialidad como la ONU, explorar la falta de accesos a la información cuando no se tienen necesidades mínimas es ridículo. Todo debe llevar un orden y un proceso. Sienten hoy en día a un niño que no sabe escribir ni sumar frente a una computadora o pídanle a una indígena encarcelada sin que sepa la razón que llene un formulario en línea para que una ONG tome su caso, y quedará entonces todo más claro. Debemos atacar el problema de fondo. Hacer de nuevo lo básico algo real y accesible.

* Publicado originalmente el Miércoles 4 de enero, 2012 en Revista Merca2.0.

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