¿Un presidente que no lee para un país que no lee? | Revista Merca2.0

México se ríe constantemente de sí mismo, basta el mejor pretexto para las bromas, albures y burlas. Incluso en la tragedia lo hacemos, por lo que Enrique Peña Nieto y su desafortunada participación en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara son bombas. Cualquier oportunidad de quien estadísticamente está abajo por burlarse en la cara de quien está arriba son momentos que hacen el día. En este caso la ciudadanía sobre el poderoso político perfilado como próximo presidente del país.

Es una cualidad del mexicano, reírse de sí mismo y de sus más queridos, cualidad incluso digna de estudio, pues ¿cuántas veces no es llevada al exceso, sin tomarnos las cosas en serio? Pero quien tenga al menos un poco de inteligencia sabrá que esta euforia sobre Peña Nieto es pasajera y trivial, no se pueden perder los estribos y acusar a la prole de envidiosa. Ni la prole podemos entusiasmarnos con este accidente, pues cosas más importantes deben ser analizadas al decidir nuestro voto por quien decidirá políticas que afectarán el curso de toda nuestra economía.

Claro, entiendo la gravedad, una figura de su envergadura, aspirante justamente a líder de una nación debería citar libros tan fácil e inmediatamente como un niño cita personajes de su caricatura favorita, por ello tanta habladuría, por ello los periódicos le dieron primera plana o gran cobertura en México. Y sí dio pena leer la nota en El País o la BBC por ejemplo. Sin embargo, la cobertura de periódicos en México no tendrá repercusión, pues en México no sólo algunos políticos no leen, el país entero carece de ese hábito. Pocos leyeron las notas completas, muchos más son quienes leyeron sólo bromas en Twitter o falsos anuncios de Gandhi en Facebook.

Y es que ¿cuál es el medio de mayor impacto electoral en el país? La televisión. Aunque la Radio es el medio de mayor alcance, no se acerca a la penetración lograda por la Televisión en México. Muchos fueron los programas de radio que comentaron la noticia, pero son pocos los nombres que importan para tratarlas en Televisión, los noticieros de Loret De Mola, Lopez Dóriga y Alatorre (¿ello dice ya mucho correcto?). Ni siquiera son los de más fuerza e influencia tienen en la clase media (la que más vota en el país, al menos de forma voluntaria y activa, no por ello racional), pero como programas informativos son los que más producen reacciones en la población, no hay que negarlo, hay que saberlo, y aprovecharlo o cambiarlo (según su postura).

En México por ejemplo nadie hace comedia política (muchas, sino todas las veces, la más directa, sincera e informativa forma de comunicación) al estilo por ejemplo de Jon Stewart o Stephen Colbert, quienes esta semana se burlaron de Herman Caine al citar la película de Pokemon en su discurso anunciando la declinación de su campaña para buscar la candidatura y presidencia de los Estados Unidos de América, algo igual o peor que lo de Peña Nieto. Andrés Bustamante supo retratarlo en su libro ¿Y yo por qué?, ni siquiera con declaraciones del candidato Vicente Fox, sino del presidente Vicente Fox, pero de nuevo, a través de un libro, que pocos mexicanos, políticos o no, habrán leído.

¿Cuál es el mensaje más fuerte que nos queda de este episodio? La maravillosa campaña de Gandhi, sin duda ya comentada, aplaudida y abusada de sí misma, han sido los consumidores quienes la han mantenido viva y no la librería ni la agencia creadora Ogilvy, quienes deben estar orgullosos de esto más allá de los varios premios que merecidamente han recibido. El hecho de haberla posicionado como una herramienta para el humor del mexicano (incluso desde antes del incidente Peña Nieto) es un logro supremo. La campaña ya no les pertenece, es de la gente, de la prole dirían algunos (aunque mal utilizado de hecho). Y es que sí fue muy buena, es muy buena.

Yo creo que este accidente de la familia Peña Nieto no será significativo en la votación final. Creo que muchos votarán por él sin importarles si lee o no, otros muchos desde antes estaban decididos a votar por quien pudiese ganarle con tal de no ver a su partido volver (en lo personal ese voto útil me parece absurdo, es como decir “ya estuvo bueno que me robes tú, ahora le toca a otro” sin bajar las manos), y otros más tienen su postura política definida, sea izquierda, derecha (o media, indefinida, ilusoria o volátil). Pero sí quiero pensar en el beneficio de los espectaculares y demás aplicaciones que Ogilvy y Gandhi han desarrollado con esta campaña, y sobre todo espero que más allá de los divertidas que pueden ser las falsificaciones, el resultado esté reflejado en números positivos y México esté leyendo más, pues el día que el país lea más, los políticos tendrán que leer más, y todo podrá devenir en un beneficio común.

*Publicada originalmente el 7 de Diciembre, 2011 en Revista Merca2.0

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