Los compadres y las amigochas | Revista Merca2.0

Siempre hemos sido muy amables como mexicanos, históricamente y por supuesto debido al servilismo/exclavitud de nuestros orígenes; antes de ser conquistados vivíamos sometidos por nuestros propios Imperios, luego llegaron los españoles y seguimos sirviendo. Cuando a la Independencia y Revolución se les ocurrió hacer algo, ya era muy tarde, por no decir que lograron a medias su cometido.

Hoy en día somos una nación políticamente independiente y soberana, pero en espíritu tengo mis dudas. Mi experiencia laboral en México, pasada y presente me lo confirma constantemente, pues hay mucho miedo a decir las cosas de forma directa debido al riesgo de tomarlo ofensivamente.

¿Por qué esto es un problema? Porque el tiempo es dinero, lo sabemos, mucho más en esta era de tan avanzada tecnología y diversos medios de comunicación. Sin embargo, la mayoría de las veces estos medios se usan de forma equívoca y retrógrada. Pondré un ejemplo común: el correo electrónico. Constantemente me ha sucedido que tengo que escribir un mensaje como el siguiente que recuperé de una vieja carpeta de correos enviados el año pasado: “Saludos, ¿cómo están? Espero que todo vaya muy bien por allá. Oigan pues les escribía para comentarles acerca de nuestra reunión de la semana pasada, no he recibido todavía el documento para darle seguimiento. Seguro están muy ocupados, pero quería recordarles que no nos olviden. Gracias y estamos en contacto”.

Un mensaje de todos los días ¿verdad? Sin embargo, tiene tanta basura que casi da asco. El retraso para entonces era de una semana y media, enviado a una agencia que prestaba servicios a la empresa donde yo estaba, nosotros éramos el cliente. El mail debería haber sido: “Sigo sin recibir el documento acordado en la junta hace una semana y media. Les pido lo hagan llegar de inmediato o se comuniquen con nosotros el día de hoy”.

Pero yo no estaba en posición de escribir semejantes correos, por no decir algunos más subidos de tono. De hecho mi técnica era escribir lo que necesitaba, y luego adornar con machotes como “Saludos, Qué tal, Cómo va todo, Muchas gracias, Espero estés bien, Gracias por reunirnos el día de ayer, etc.” Esto no es broma, fui reprendido por grosero e incitado a ser hipócrita. Algunos quienes me supervisaban hubieran amado usar diferentes colores, perfumar el correo y rociarlo con brillantina. Absurdo. Pero así somos, mi pregunta es ¿para bien o para mal?

Evidentemente es una carencia. En cuanto al trabajo refiere, es un lastre del cual debemos librarnos. Se pierde mucho dinero, créanme, en este tipo de “detalles”, pues el exceso de amabilidad se convierte fácilmente en abuso, evita que los mensajes sean claros y los malentendidos o sobreentendidos suceden. Como la respuesta que recibí de aquel correo: “Hola Juan Mario, acá todo muy bien gracias. Sí ya pasó una semana, muchas disculpas, hemos estado con mucho trabajo y se nos atravesó un evento, por eso no te habíamos llamado, pero en un rato más te mandamos el documento, Ok? Besos”.

Qué pones después de eso, ¿gracias? El trabajo no es algo personal. Lamentablemente este cambio debe ser paulatino, deben ser valientes para llevarlo a cabo, y sobre todo tener como respaldo su trabajo, y entonces ya no importará los califiquen de cualquier forma. La cortesía y el respeto caben, sin embargo, no todos en México son compadres, carnales, hermanitas, amigochas, y demás. E incluso cuando sí lo son, ello no da derecho a incompetencia laboral o mensajes mal comunicados. Un error es alguna acción desacertada, la cual se corrige y de la que se aprende. Toda la cadena de mando debe entenderlo, así como también saber que dicha cadena es sólo el proceso de trabajo, y no un título nobiliario.

Son tantas las raíces de este problema en nuestro país que es imposible abarcarlas todas, pero nuestro trabajo debe ser eficiente, aunque sea absurdo tener que decirlo. No tengan miedo, en algún lugar debe iniciar esto, y sobre todo el trato y comunicación en pequeñas empresas lo permite, ahí debe fomentarse más y podría ser uno de tantos detalles que marquen la diferencia.

No tenemos que saludar siempre y enviar besos. Mucho menos disculparnos y agradecer. Es un error no señalar equivocaciones o admitirlas. Es vergonzoso y una muestra de debilidad no aceptar responsabilidades y asumir culpas. Y es una muestra de inteligencia y concentración manejarlas, resolverlas e identificarlas.

La crisis política e inseguridad han desviado la atención de otros temas más importantes (pues son soluciones reales de largo plazo), como la educación y crisis laboral en México, con trabajos escandalosamente mal pagados. Pequeñas acciones como esta pueden ser la vía para lograr cambios internos en nuestro beneficio, el de nuestra empresa y el resto de infraestructura relacionada. Son acciones que aplican en cualquier nivel y área en donde estemos, y además sirven de ejemplo. Tomen de esto lo que deban, llévenlo a su día a día y ejecútenlo.

*Publicado originalmente en Revista Merca2.0

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