34 Rocks

Y un buen día, sin que mucha gente se dé cuenta, me despido de mis 33 años. Los números, la edad, como suele pasar, son algo significativo, simbólico. Uno recapacita, recapitula, reinicia, reafirma. Para mí resulta ser en efecto una edad que está marcando mucho, incluso mucho más de lo que fueron en otro momento y sentido los 30, los 27, 23, 17.

Modelo a seguir (?)

Estos que se han ido, los 33, son ciertamente una edad distintiva. Gracias principalmente a Jesús Cristo, quien a esa edad se iba (o lo iban) pidiendo a su padre perdonara al Hombre, por no saber lo que hacía (algo que al parecer, no ha cambiado mucho).

Y a esta edad, en la recapitulación de logros, errores y demás, imagino todo lo que pude haber hecho de bien, aunque también soy consciente del mal que no llegué a consumar.

Alan Moore, genio y loco

Alan Moore empezó a escribir “Watchmen” a sus 33 (a esa edad entendía ya a los norteamericanos, y pudo procesar de tal forma el contenido de una de las mejores novelas gráficas de la historia). Woody Allen ya se había estrenado como director. Rulfo había escrito ”  han dado la tierra” y “Macario” antes de llegar a sus 33, y tenía ya lo que en 1953 sería publicado como “El llano en llamas”. Julio Cortazar escribió “Casa tomada” a los 33 años. A esa misma edad, Octavio Paz trabajaba ya como diplomático en Francia, ya había recibido la beca Guggenheim para estudiar en Berkley, escribía en la revista Taller, la cual cofundó también, y había terminado ya su poema “Puerta condenada”.

WA

Claro, los éxitos se definen también según las circunstancias e intereses. A sus 33 años por ejemplo, Hitler daba uno de sus más incisivos discursos, dejando claro el porvenir en su historia y la del mundo, así como la ideología antisemita que devendría en el nazismo. Por su parte, antes de alcanzar esa edad la actriz porno Lisa Sparxxx, consiguió el record de ser fornicada casi por mil hombres ¡en un solo día!, un record me imagino admirable en su línea de trabajo, pero no muy envidiable, aunque de nuevo, depende de perspectivas, otra mujer, Amy Michaels, declaró en el 2008 (a sus 33) a News of the World, haberse acostado con más de mil hombres sólo por adicción (aunque ella no el mismo día, sino de sus 17 a sus 33). Otra mujer, una japonesa, conquistó a sus 33 a uno de los hombres más polémicos y difíciles del siglo pasado: John Lennon.

Todo es relativo pues. No lamento nada, no me arrepiento de nada, ni lo malo ni lo ausente; quizá lo que más valoro sea precisamente esa idea de satisfacción, de consciencia y valor ante mí mismo. Pues muchas cosas han pasado, éxitos, errores. Grandes historias, aventuras, viajes, personas, tragedias. He tenido de todo y lo agradezco. Ha sido espectacular.

El levantamiento del EZLN

Me han tocado varias transiciones e hitos históricos. Fui a infinidad de fiestas de las que no hay registro fotográfico, pues ni siquiera existían celulares, recuerdo el momento en el que aprendí a mandar mensajes de texto, y cómo vivía sin Internet. Recuerdo la tensión del cambio de partido tras décadas en el poder, el magnicidio de Colosio, el surgimiento del EZLN. Los tiempos donde estacionarse en la ciudad no era difícil, y gratuito. Recuerdo los jerseys sin publicidad, he vivido 4 de los 6 campeonatos de Pumas en el estadio (y todos en vida, aunque no recuerde ni cerca los 2 primeros). Conocí ruinas o atractivos naturales que hoy sólo pueden verse desde una cerca. Alcancé a ver un cielo nocturno lleno de estrellas en la Ciudad de México, cuando el clima era más agradable y las estaciones definidas.

Algunas cosas claro y afortunadamente, han cambiado, también en mí. Estoy lejos de aquel impulsivo irreverente, imbecil muchas veces, que no pensaba en las consecuencias de sus acciones. Entiendo mi parte en muchas circunstancias de la sociedad global en la que vivo, entiendo la importancia de mi rol, pero no lo magnifico. No soy un exagerado.

Otras sin embargo, siguen siendo iguales. Aún disfruto sentarme a ver la final de la Champions o los juegos de México con los mismos que hace 15 años. A los 14 años, solía terminar en la oficina de la directora, regañado por hablar de más, por travesuras idiotas, y no funcionar al mismo ritmo que los demás. Sucedió después en la universidad: condicionado, y hoy en día no es diferente, trabajo al límite, literalmente amenazado con irme al menor error.

Algunos de mis gustos se han refinado, otros no, al contrario, si han evolucionado es sólo en el descaro y la crudeza con las que hoy me dan enorme felicidad.

Y con ese mismo convencimiento, los 34 arrancan inmejorables: con su cuerpo en la misma cama, recordando “Los años maravillosos”, tomando fotos, entre literatura, futbol, cerveza, mariscos, metal, carretera, lluvia.

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